La actriz navarra da vida a una novicia en su primera película como protagonista, ‘El Convento’, una historia oscura basada en hechos reales que llega a los cines este viernes, 10 de julio
Ángel M. Chivite y Luis Galindo debutan también en la dirección de largometrajes con El Convento, historia inspirada libremente en el caso de las conocidas como monjas satánicas de Corella. La película sigue a dos novicias que ingresan en una institución religiosa de clausura por distintos motivos. A Lucía (María Mercado) le mueve la devoción hacia la hermana superiora, sor Águeda (Ana Álvarez); en cambio, Ana María (Nahia Bergasa) lo ve como una oportunidad para aprender un oficio con el que ganarse la vida en el futuro. Con visiones diferentes de la fe, ambas jóvenes se enfrentarán a algo que no esperaban encontrar entre aquellas paredes.
La veo muy ilusionada con la película.
–La verdad es que sí. Llevamos unos cuantos años con la película y que por fin se estrene y la vaya a ver la gente me hace muy feliz.
El estreno internacional tuvo lugar el año pasado en México. ¿Cómo fue la experiencia?
–Eso fue increíble. Estuvimos solo 48 horas en México, pero nos dio para todo. Recuerdo que me llamaron dos semanas antes para preguntarme si quería ir con María (Mercado). Como las dos somos de la misma edad, ni lo dudamos, aunque estuvimos más tiempo en el avión que en el propio país. Coincidió que era el fin de semana del Día de Muertos y pudimos ver el festival, los pasacalles y los altares; era precioso. Estrenamos allí la película y fue una experiencia maravillosa e inolvidable.
Y, además, la recepción fue muy buena.
–Sí, gustó mucho. Además, María y yo no habíamos visto la película, así que fue la primera vez que la visionamos. Íbamos con la expectativa de ver qué había salido, porque desde el rodaje ya casi se nos había olvidado, y nos gustó. Pensamos que había quedado muy chula.
Como actriz, ¿es muy crítica consigo misma cuando se ve en pantalla? ¿Se ha visto varias veces la película para analizarse?
–No me gusta analizarme. Cuando ruedo, no me gusta comprobar en el momento lo que acabo de hacer porque le saco fallos a todo. Necesito que pasen meses para poder valorar lo que he hecho de forma objetiva. Por eso tenía mucho miedo de ver la película, porque no había visto nada del montaje y no sabía cómo había quedado. Soy muy crítica conmigo misma, pero al final me quedé tranquila con lo que había hecho.
Y eso que me han contado que llegó tarde al casting.
–Bueno, eso no es así exactamente (ríe). Me citaron en un sitio que no era, pero es que ese día pasaron muchas cosas. Yo venía de Madrid en un tren que llegó tarde y en el que viajé después de haber pasado una noche horrible en urgencias. Venía de no dormir, de coger el tren, de llegar tarde, de que me recogieran mis padres y de acudir a una prueba que cambiaron de ubicación a última hora y no me habían avisado bien… Al final llegué; eso sí, muy justa, pero salió bien.
Y tan bien; de hecho, los directores han comentado que en cuanto comenzó su prueba se dieron cuenta de que era la adecuada.
–Estoy súper agradecida con ellos. Desde el principio han confiado al cien por cien en mí, apostaron por mí para todo y yo estoy feliz, la verdad.
“Prefiero no pensar mucho en la incertidumbre y buscar un plan B sin dejar nunca la interpretación, que es lo que me gusta”
Uno de los elementos centrales de la película es el vínculo entre las dos novicias. ¿Cómo trabajó la complicidad con María Mercado?
–Es curioso, porque conocía a María en el rodaje de la serie Tú no eres especial, que produjo Montxo Armendáriz. Ella era una de las protagonistas y yo en ese proyecto estuve de figurante, así que pasamos todo el verano juntas. Nos hicimos amigas allí y luego nos seguíamos en redes. Pasaron los meses y un día me dijeron que iban a coger a María para esta película. No me lo podía creer, las vueltas que da la vida. Le escribí, le dije que íbamos a trabajar juntas y se alegró mucho. Como ya nos conocíamos de antes, fue una conexión súper rápida porque nos parecemos mucho y tenemos muy buena relación. Vivíamos todos en Villafranca mientras rodábamos y por la tarde estábamos juntas todo el rato.
¿Cómo recuerda el rodaje?
–Como una experiencia súper bonita. El equipo era muy pequeño y al final era todo súper familiar. Me acuerdo de que terminábamos de rodar, o entre secuencias nos íbamos a comer todos juntos al bar del pueblo; nos ponían una mesa gigante y compartíamos el momento. En las grandes producciones es muy difícil tener esa relación porque todo se divide, pero aquí todos vivíamos en los hoteles de Villafranca, nos llevábamos súper bien y eso es lo que me encanta, que no haya barreras entre compañeros.
¿No existía esa división de ‘estos son los actores principales y estos los figurantes’?
–No, para nada. A día de hoy seguimos teniendo relación con todos. De hecho, estoy feliz porque van a venir al estreno varios compañeros, entre ellos un técnico de iluminación y el director de fotografía, y los voy a ver después de un año y medio. Nos vamos a reencontrar y me hace mucha ilusión porque tuvimos una relación excelente.
Al final, el peso de la experiencia cae sobre una actriz como Ana Álvarez. ¿Eso les ha dado cierta seguridad y
confianza?
–Sí, hicimos un grupo muy bueno. Yo me juntaba mucho con María porque tengo casi todas las escenas con ella; ensayábamos o leíamos el guion juntas para preparar la jornada del día siguiente y trabajarla también con Ana. Tuvimos muy buena relación con ella, pero desde el principio marcamos que no queríamos hacer demasiados ensayos para poder mantener esa distancia y frialdad que requería la relación de la madre superiora con las novicias. Eso sí, fuera el trato era maravilloso. También estaba Alfonsina Carrocio, que hace de sor Joaquina y es un amor. Ella, que ha participado en proyectos como La sociedad de la nieve, me ayudó mucho. A mí me gusta trabajar las secuencias a nivel técnico y físico, desde el cuerpo, y a ella también. Hicimos mucha piña para ayudarnos.
Cuando empezaba, ¿imaginó alguna vez que su primer papel protagonista en una película iba a ser el de una monja en un convento satánico?
–(Ríe) Para nada, es súper fuerte. Pensaba que igual me tocaría algún proyecto de instituto o interpretando a una chica de mi edad. De repente, me veo interpretando a una niña de 16 años en el año 1700 que huye de su casa por sufrir malos tratos e ingresa en un convento de monjas satánicas. Pensé: ‘vale, creo que esto se aleja bastante de mí’ (ríe). Mi personaje tiene unas escenas muy potentes y sufridas, y estoy muy agradecida de poder abarcar este universo y de que me hayan dado esta oportunidad con una historia tan particular que se sale de lo comercial. Que mi primer papel protagonista sea este es un auténtico regalo.
¿Cómo definiría ‘El Convento’?
–La definiría como una película de drama y suspense. Creo que la gente se espera más terror, pero yo la catalogaría dentro de esos géneros. Se mantiene la atmósfera de convento y ese suspense de las monjas caminando, se cuida mucho la fotografía y la ambientación, pero en el fondo es un dramón lo que les pasa a las pobres chicas que ingresan ahí. Además, tiene un toque fantástico hacia el final de la película, con un giro de guion que no es lo habitual y que puede sorprender mucho al espectador.
Hay que animar a la gente a que apoye la película desde el principio, porque las primeras semanas son clave.
–Totalmente. Ojalá vaya bien. Es verdad que es una fecha un poco complicada aquí en Pamplona por las fiestas, pero esperemos que la respuesta sea buena.
Pero una vez que acaben las fiestas…
–Eso es lo que le he dicho a mis amigas: ‘Cuando tengáis la resaca del día 15, que no os podáis mover de la cama, os vais al cine que tiene aire acondicionado y la veis’ (ríe). Espero que en el resto de los cines de la península, donde la vida sigue normal, la película tenga una buena acogida.
Escena de la película. Cedida
Es una película con personajes femeninos fuertes.
–Sí, y eso también me gusta mucho. Al margen de la figura del cura, el resto del elenco son todo mujeres. Eso era lo que querían enseñar los directores: esa sensación de clausura, de no poder salir de un sitio y de todo lo que ocurre en un único espacio. Son historias que han vivido muchas mujeres a lo largo de los años y que se siguen viviendo hoy en día. Son personajes muy fuertes, cada una en su terreno, y yo defiendo mucho a mi personaje, Ana María, porque es una niña de 16 años sin ningún recurso que toma la decisión de irse de su casa y entrar en un convento porque tiene las ideas muy claras: quiere aprender a trabajar para luego poder irse a otro sitio y buscar una vida mejor. Y aunque le ponen un montón de obstáculos, intenta salir adelante como puede. Me parece que las mujeres de esta película son muy fuertes y valientes para la época en la que vivían.
Ha elegido una profesión, la interpretación, marcada por la incertidumbre, ¿cómo la maneja?
–Estoy aprendiendo a gestionarlo porque esta profesión tiene muchos altibajos y es muy inestable: puedes tener una producción importante y no volver a trabajar en dos años. Prefiero no pensarlo mucho para no agobiarme. Se trata de tener cabeza, saber que habrá épocas buenas y malas, y buscar un plan B parada seguir trabajando en algo que me guste y me aporte, sin dejar nunca la interpretación porque es lo que más me llena.
¿Lo tenía claro desde pequeña?
–Sabía que iba a dedicarme a algo artístico. Desde pequeña he bailado, he estudiado música y toco el clarinete. Cuando estaba en el instituto, en principio elegí Letras por hacer algo, pero cuando llegué al bachillerato, vi que podía optar por la modalidad artística y supe que eso era lo mío. Siempre digo que ahí empecé a sacar unas notas increíbles porque hacía lo que me gustaba. Durante esos años también empecé a ir a campamentos artísticos de baile, interpretación y teatro, y me di cuenta de que eso era lo que me motivaba y lo que quería estudiar. Mis padres me apoyaron un montón desde el principio y a los 18 años me fui a Madrid a estudiar la carrera de interpretación, lo que fue un regalo para mí.
“Madrid es una jungla de castings, un examen permanente, pero yo intento hacer mi camino y buscarme un hueco”
Madrid tiene pinta de ser una jungla de castings, oportunidades y rechazos.
–Es como estar en un examen constante. Cuando me rechazan, intento decirme todo el tiempo para protegerme que no es algo personal hacia mí, sino que simplemente no encajo en ese proyecto concreto por cualquier detalle: ya sea porque buscan a alguien con el pelo más oscuro o porque mido dos centímetros más de lo necesario. Me repito esto para no caerme anímicamente. Es verdad que Madrid es una jungla; hay mucha gente de mi edad y de perfiles parecidos que queremos apostar por esto. Se trata de intentar hacer tu camino, buscarte un hueco y tener la suerte de coincidir con el casting exacto donde busquen justo tu perfil para así poder entrar en la rueda.
¿Y formarse continuamente?
–Sí, esta es una profesión en la que la formación no termina nunca. Además, cuantas más disciplinas abarques, mejor. Yo bailo, toco música, si hace falta cantar doy clases de canto, y ahora también hago telas aéreas. Se trata de que vean que eres una actriz versátil que te puedes adaptar a lo que te pidan. Si hace falta, me paso todo un día aprendiendo a montar a caballo para una escena (ríe).
Ahora hay más oportunidades porque hay más plataformas que producen películas y series, ¿le interesa algún formato en particular?
–No lo tengo claro. El cine me gusta mucho por eso de entrar en una sala oscura y evadirme de la realidad. Aunque cuando veo películas en casa también intento no coger el móvil y no distraerme. Y sí, es verdad que ahora hay más oportunidades, así que voy a intentar buscar un huequito ahí. Sé que es difícil, pero algún día sí que me gustaría poder rodar algo de fantasía y también algo de época tipo Los Bridgerton.




